Si me permitís, voy a contaos un cuento…

Érase una vez, en un reino muy lejano, hace mucho, mucho tiempo, llegó el momento en que la princesa eligiera esposo. Le dijo a su papá el rey que ella deseaba un hombre que la amase de verdad. El rey proclamó que quien aguantase un año en la puerta de palacio para conocer a la princesa, sería merecedor de su mano.

Cientos de miles de hombres se agolparon en la entrada del reino con el propósito de conquistarla, de casarse con la princesa. 

Tras los primeros días de espera, algunos desistieron. Llegaron vientos fríos de inviernos, la gran mayoría abandonó. La lluvia no dejó demasiados pretendientes,… Y así fueron pasando los días y los que en algún momento creyeron que serían futuros reyes, cada vez eran menos.

Llegó el momento en que solo quedaba un pretendiente. Siguieron pasando los días. La princesa lo visualizaba por la ventana; una mañana bajó, disfrazada de campesina, a llevarle agua y comida. Tras pasar un par de días anunció a su padre que ese chico era con quien quería casarse, que lo amaba, que organizase los preparativos de la boda que dentro de poco tendría lugar el casamiento; cuando cumpliese 365 días y 365 noche en la puerta de palacio.

La última noche, el chico se levantó y se dirigió a su casa. Su mamá lo vió y le dijo “¿Hijo que haces aquí? Llevabas 365 días y 364 noches esperando por tu amor, ¿Qué te hizo abandonar?”. El chico respondió a su mamá: “Mamá, ella me vio. Mamá, ella me trajo agua. Ella anunció a su padre que quería casarse conmigo… Y aun así no fue ni para evitarme una noche de sufrimiento...

 "Quien no es capaz de evitarte una noche de dolor, no es digno de tu amor.”  (Jorge Bucay)

Os dejo a vosotros interpretar la moraleja de este microcuento... ¡Esperamos vuestras respuestas en Facebook!
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